Definiciones de normalidad y anormalidad

Las variaciones de un sistema biológico tan complejo como es un ser humano hace difícil el definir tanto la salud como la enfermedad. A medida que se ha avanzado en el conocimiento científico se ha hecho necesario emplear definiciones cada vez más rigurosas, precisamente para que el estudio posterior del fenómeno sea lo más exacto posible.

Muy temprano en nuestro análisis llegaremos a la conclusión de que la salud está estrechamente relacionada con el concepto de normalidad. Y esta sólo puede definirse tomando como base una población determinada  y con el requisito de haber efectuado mediciones objetivas en la misma Ejemplo medición del peso.

Entre más observaciones de una característica en la población mejor, ya que nos permitirá una distribución de valores más cercano a lo real en subgrupos específicos. Poder por ejemplo definir los niveles de glicemia “normal” durante el embarazo, o establecer como varían los niveles “normales” de hemoglobina durante los primeros meses de vida.

En la determinación clínica de qué es normal y anormal se han utilizado tres tipos de criterios:

  1. Normal como frecuente:

    Básicamente, un valor normal es aquel que se encuentra dentro de un rango de un 95% de lo esperado para una población específica “libre de enfermedad”, en una distribución de frecuencias.

    El 5% restante obtiene valores fuera de ese rango a pesar de no haber evidencia de enfermedad, y se explicaría por las variaciones biológicas individuales. En sentido estricto, si el examen es de valor diagnóstico sería un falso positivo, siempre que se descarte por otros medios la enfermedad a estudiar.

    Esto es lo que se conoce como definición operativa de la anormalidad. Una limitación fundamental  de este criterio es que en casi ninguna variable existe algún fundamento biológico que permita utilizar ese valor arbitrario (ejemplo de Presión arterial) como límite de normalidad.

  2. Anormalidad asociada a enfermedad.

    Se basa en la distribución de las observaciones en personas tanto sanas como enfermas e intenta definir un límite que separe claramente ambos grupos. General-mente los gráficos de frecuencia se superponen y es difícil elegir un valor que separe netamente la normalidad de  la anormalidad.

    Esto se relaciona directamente con la especificidad y sensibilidad de la prueba, ya que disminuyendo o aumentando el “punto de corte” aumentan o disminuyen estos valores.

  3. Anormalidad como susceptibilidad de tratamiento.

    Las dificultades para distinguir entre normalidad y anormalidad utilizando los criterios anteriores han llevado al uso de pautas determinados en ensayos aleatorizados controlados en los que se investiga el nivel a partir del cual el tratamiento produce más beneficio que perjuicio.

    Como ejemplo hay análisis de los valores de tensión arterial en varones y mujeres de cada grupo de edad en los que el tratamiento adquiere sentido médico e incluso económico