¿Existen más de dos géneros?

 

¿No somos libres de pensar o vivir como queremos? Es la pregunta con la que los defensores de la diversidad sexual inician las discusiones alrededor del tema de género. Los sociólogos y juristas preguntarán ¿En qué perjudica o mejora la sociedad la aceptación de más de dos géneros?. Las personas de ciencia preguntarán ¿Existen géneros más allá de  lo masculino y femenino?

Antes de 1950 la noción de género era linguística, los sustantivos tenían un género masculino o femenino: la silla, el mueble, etc; y las personas dos sexos posibles: hombre o mujer. A partir de los años 60 los ideólogos del feminismo postularon que lo masculino y lo femenino no eran más que roles impuestos. Una “construcción de la sociedad”.

La teoría Queer, desarrollada a finales de los años 80, propone que la categorización binaria no tiene sustento biológico sino forma parte de la imposición social de la heterosexualidad . Por lo tanto la identidad sexual y orientación sexual son formas que varían en cada individuo en formas que son tan válidas como las oficiales. De ahí, que negar esta diversidad es una forma de anulación o discriminación de las minorías.

Esta teoría admite identificación no solo como hombre o mujer sino además como andrógino, homosexual, transexual, queer,intersexual, neutro, asexual, bisexual, heteroflexible y otros. La mayoría de estos no son “géneros” sino una mezcla fluida y variable entre expresiones de género: en un espectro de apariencia o conductas que van de lo muy “masculino” a lo “muy femenino”; y preferencias sexuales que pueden no ser fijas.

La “refutación” oficial indica que el sexo es una categoría biológica y el género una categoría psicológica o sociológica, es la autoidentificación, que por sí misma no transforma un hombre en una mujer ni viceversa. Por lo tanto aceptar la diversidad de preferencias sexuales no implica aceptar la existencia de múltiples géneros.

Si el género es una construcción cultural ¿lleva razón un individuo que quiere declararse como mujer siendo hombre?. Si no hay un marcador biológico del género ¿qué necesidad  hay en definir algo masculino o femenino o intermedio o fluido si no son más que actitudes, preferencias o comportamientos que cualquier ser humano puede adoptar en determinado momento de su vida?

La paradoja conceptual de esta teoría es que cualquier clasificación de identidad que oscile entre lo “masculino” y “femenino” se basa en estos mismos estereotipos culturales  que pretenden abolir. ¿Por que no sólo decir entonces: humanos con posibilidad de intimar con otros humanos?. El problema es que ni aboliendo ni aumentando las categorías o
distinciones cambiará nuestra biología ni nuestras diferencias.

 

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