¿Existe la disforia de género?

El término disforia es un anglicismo que denota una emoción o sensación desagradable como la tristeza, ansiedad o enojo.Lo opuesto a la euforia. La autoidentificación de un niño con un “género” distinto del sexo al nacer, produce una negación o rechazo del propio cuerpo, que puede ser considerado una confusión o delusión (idea equivocada.)Esta discordancia usualmente desaparece en la adolescencia, pero si persiste y le produce un deseo obsesivo de transformación se conoce como disforia o incongruencia de género.

Actualmente la disforia de género se considera una patología psiquiátrica.Para su diagnóstico no sólo debe haber pruebas de la identificación persistente como persona del sexo opuesto, sino que debe haber una repercusión psicológica o deterioro social, o laboral. Es la población conocida como transgénero, de la cual dice el cliché: mujeres atrapados en cuerpos de hombres y viceversa.

¿Existe una justificación biológica para esta condición? De ser así estaríamos patologizando una condición más de la diversidad humana.Resulta que estudios de los cerebros de adultos transexuales revelan un mayor parecido con el género del cual afirman pertenecer. Esto se ha interpretado como una justificación de la existencia de la transexualidad como una condición biológica. Pero tambien se puede interpretar que el cerebro se ha modificado a sí mismo (por plasticidad) debido a la adopción de comportamientos del sexo opuesto, ya que no hay estudios sobre el cerebro de niños, que es cuando inicia dicha discordancia.

La población trasgénero es fuertemente rechazada por los sectores más conservadores de la sociedad. Desde la niñez sufren por la burla, discriminación e incluso violencia física, por lo que tienen una alta tasa de depresión, ansiedad y suicidios. El sueño de la mayoría de ellos es convertirse en un hombre o mujer “verdaderos” y ser reconocidos como tal, pero aún con tratamientos hormonales o cirugías suelen ser distinguibles como “no naturales”. No hay estadísticas confiables sobre su situación socioeconómica pero se suelen reconocer en empleos como esteticistas, transformistas y lamentablemente como trabajadores del sexo.

Esto último un síntoma más de la doble moral de la sociedad machista que los rechaza en público, mientras que requiere de sus servicios sexuales en privado.

 

 

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