¿Somos iguales el hombre y la mujer?

El sexo biológicamente hablando es binario, fuimos clasificados al nacer (o usando un ultrasonido a partir de la semana 16 de gestación) como varón o hembra, correspondiendo a la expresión fenotípica de nuestros genitales dada por la presencia o ausencia del cromosoma Y.

Existen los rarísimos casos de ambiguedad genital por la anomalías en la maduración sexual,que aúnque denominados intersexuales, no consituyen un tercer sexo, sino una condición tratable multidisciplinariamente cuya meta es asignar – exitosamente o no- un sexo masculino o femenino durante la niñez.

Por lo tanto, el sexo al nacer es una categoría biológica, no una denominación cultural ni subjetiva.

Se llama identidad de género a la autopercepción de uno como hombre o mujer, noción que empieza a elaborarse a los 3-4 años de edad.La autoidentificación congruente de uno como hombre o mujer y la preferencia hacia el sexo opuesto tiene una base predominantemente biológica, como ha sido demostrado en estudios de gemelos monocigóticos y los estudios de
reasignación de sexo en la infancia (Dr. Money)

Es en la pubertad donde se expresa el dimorfismo sexual: en la adultez el varón suele ser más grande, mayor fuerza relativa, un mayor metabolismo basal, mayor capacidad pulmonar  y suele tener un hematocrito más alto. Hay desarrollo de caracteres sexuales secundarios y la maduración de los órganos sexuales primarios. Todo esto tiene un fin evolutivo.

Pero también existe el dimorfismo cerebral. Con la exposición de este a las hormonas sexuales (ausencia o presencia de altos niveles de testosterona) durante la pubertad y en doble vía como resultado de un comportamiento repetitivo  que se modela a sí mismo (plasticidad), es posible identificar diferencias entre hombres y mujeres, en el núcleo uncinado, el volumen del putamen, el cuerpo calloso.

Los roles de género (las actitudes, vestimenta y comportamiento “apropiados”) están mayoritariamente determinados por la crianza en un contexto social determinado y se aprenden por imitación, refuerzo y censura. Lo cual no quiere decir que las diferencias biológicas no tengan cierto papel en nuestros gustos y elecciones. Por ejemplo desde bebés los hombres están orientados a objetos y la acción y las mujeres hacia las personas.

Aún en sociedades con alta igualdad de oportunidades la mayoría de los carpinteros, constructores y fontaneros serán varones. La mayoría de los profesionales de nutrición, terapeutas respiratorios y de servicio a personas mayores serán mujeres. ¿Vestigios de una educación sexista? ¿Simplemente preferencias “distintas” como nuestra biología lo es?

Nadie tiene la respuesta definitiva.

 

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